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Milei tras los pasos del genocida Julio Argentino Roca

En su discurso inicial como presidente de Argentina, Javier Milei relata un estado de situación económica catastrófica. Según él, recibe una herencia pesadísima (ya hemos escuchado a un mandatario, el de la reposera, y a sus funcionaries utilizar la misma y trillada frase) que no deja otro camino que un brutal ajuste para los y las trabajadoras. Por supuesto, siempre para la clase trabajadora, jubilades, pequeño empresariado. Nunca para la gran burguesía argentina.

“No hay alternativa posible al ajuste” ni al “shock”, mencionó un Milei dogmático al tiempo que fue avivado y vitoreado por les militantes libertarios que se agolpaban para verlo. Tragicómica escena donde el pueblo celebra recortes que impactarán sobre su vidas cotidianas.

En su relato detalla que habrá estanflación, pobreza, recortes en salud, educación, desocupación pero, dijo el presidente que se autodenomina León, que luego de todo ese duro recorrido, que durará unos dos años aproximadamente, veremos la luz al final del túnel. Ojalá, pensamos desde este medio comunitario, que esa luz no sea la que nos lleve a estrellarnos. Porque si se sigue atentamente la línea argumental del discurso de Milei, parece que vamos directo al estampido, peregrinando hacia un mesiánico sacrificio popular.

Y en ese discurso leído, junto a toda la tragedia económica que detalla, Milie deja ver su admiración por un genocida ilustre de nuestro país: Julio Argentino Roca. Y aquí nos queremos detener y ahondar. Lo hizo con una rimbombante y cruenta cita: “Nada grande, nada estable y duradero se conquista en el mundo cuando se trata de la libertad de los hombres y del engrandecimiento de los pueblos, si no es a costa de supremos esfuerzos y dolorosos sacrificios”.

Así Milie, que en otra ocasión mencionara su admiración por la terrorífica Margaret Thatcher, ahora muestra su embeleso por un genocida que los sectores conservadores siguen describiendo como el gran general que pobló la patagonia y trajo bonanzas económicas a un país en crecimiento.

Repaso breve por la vida política del genocida Roca

Julio Argentino Roca nació en San Miguel de Tucumán el 17 de julio de 1843 y falleció en Buenos Aires el 19 de octubre de 1914. Fue un político, militar y dos veces presidente de Argentina. Desde 1880 hasta 1886 y desde 1898 hasta el año 1904. Y para Milei, “uno de los mejores presidentes argentinos”.

Previo a ser presidente, fue un genocida. Entre 1878 y 1885 dirigió la denominada “Conquista del Desierto”, una serie de sanguinarias campañas militares contra los pueblos indígenas que habitaban la Patagonia y parte de La Pampa. Así conquistó grandes extensiones de territorio que le pertenecían y pertenecen a los pueblos originarios pampa, ranquel, mapuche y tehuelche.

Para el sector negacionista de nuestro país, Roca es recordado como el presidente que inauguró un periodo de prosperidad y para otres, quienes tenemos y sabemos de nuestras descendencia indígena, como el responsable de un genocidio llamado Conquista del Desierto.

Roca, el gran genocida del pueblo originario patagónico

Osvaldo Bayer, historiador, escritor, periodista, filósofo argentino, que falleció en diciembre de 2018, dedicó gran parte de sus vida a visibilizar el recorrido genocida de Roca. En su ciclo televisivo de Canal Encuentro, Mundo Bayer, lo describe como “el genocida, miles de indios muertos con las remington que hiciste importar de EE.UU, buey corneta, te consagro el general de la sociedad rural argentina, vendiste 40 millones de hectáreas, estableciste la esclavitud, general. ¡Qué infamia!”

El desierto estaba habitado, se lamenta Bayer .Y agrega La campaña del desierto, le hecho mas negativo de la historia argentina

En el año 2014, en el diario Página 12, en un artículo titulado La Otra Historia, Bayer detallaba que “Roca, como comandante del Ejército, lleva a cabo el genocidio indígena y el presidente Avellaneda avala todo ese inmenso crimen. Y también cuando los prisioneros indígenas -hombres, mujeres y niños- son ofrecidos como esclavos en las plazas públicas de Buenos Aires. Para comprobarlo no hace falta más que leer los periódicos de Buenos Aires de 1878. Un ejemplo lo dice todo. El diario El Nacional, de Buenos Aires, expresa en su edición del 31 de diciembre de 1878: ‘Llegan los indios prisioneros con sus familias. La desesperación, el llanto no cesan. Se les quitan a las madres sus hijos para en su presencia regalarlos a pesar de los gritos, los alaridos y las súplicas que hincadas y con los brazos al cielo dirigen las mujeres indias. En aquel marco humano, unos se tapan la cara, otros miran resignadamente al suelo, la madre aprieta contra el seno al hijo de sus entrañas, el padre se cruza por delante para defender a su familia de los avances de la civilización’. Esta crónica de esos días lo dice todo. Por eso hay que leer los diarios de la época para comprender toda la realidad y la crueldad empleada por Roca y sus tropas”.

Siguiendo con un fragmento del mencionado artículo, Bayer aporta detalles. “Leamos, como ejemplo, una crónica de La Nación del 17 de noviembre de 1878, en plena Campaña del Desierto. En primera página, bajo el título ‘Impunidad’, dice textual: ‘El regimiento Tres de Línea ha fusilado, encerrados en un corral, a sesenta indios prisioneros, hecho bárbaro y cobarde que avergüenza a la civilización y hace más salvajes que a los indios a las fuerzas que hacen la guerra de tal modo sin respetar las leyes de humanidad ni las leyes que rigen el acto de guerra. Esa hecatombe de prisioneros desarmados que realmente ha tenido lugar deshonra al ejército cuando no se protesta del atentado. Muestra una crueldad refinada e instintos sanguinarios y cobardes en aquellos que matan por gusto de matar o por presentarse un espectáculo de un montón de cadáveres’. Es penoso que los directivos de La Nación actuales ignoren todo esto. Ya nadie puede negar que la Campaña del Desierto fue un genocidio y que no se puede aprobar bajo ningún concepto desde el punto de vista ético. Las pruebas están en el Archivo General de la Nación y basta leer los diarios de la época para comprender bien lo que fue ese vergonzoso crimen político. Y basta contraponer los argumentos de un Alsina, ministro de Avellaneda, que desarrolló la tesis de que los pueblos originarios no tenían noción de la propiedad. Por eso había que separarlos por una zanja, mientras Roca rechazó este plan y exigió la importación de diez mil fusiles Remington de Estados Unidos ‘porque con esta arma habían sido eliminados en dicho país los sioux y los pieles rojas’”.

“Ya es tiempo de que con tales pruebas históricas se modifique el concepto de ese militar, Roca, que fue presidente dos veces, y se quite su monumento del centro de Buenos Aires. Nuestros héroes fueron los que defendieron la vida y la Ética y no los que eliminaron a pueblos enteros y esclavizaron hasta sus mujeres y sus niños”, sentenciaba el historiador.

De Roca a Videla

Es sabido que la reciente electa vicepresidenta Victoria Villarruel es defensora de represores. Su impronta no sólo negacionista, sino defensora de la Teoría de los dos demonios ha quedado de manifiesto en varias entrevistas televisivas. Tanto así que con total impunidad ha justificado sus visitas a genocidas de la última dictadura cívico, eclesiástica, empresarial, militar y su defensa al represor Juan Daniel Amelong.

Y para trazar paralelismos necesarios, oportuno es citar al filósofo Juan Pablo Feinman, quien en el año 2015 en un artículo publicado en Página 12, La Metafísica de la Conquista del Desierto, escribía: “La Junta Militar de 1976 festeja, en 1979, la ‘conquista’ del desierto. Roca habría prefigurado a Videla. La ‘Conquista’ del Desierto y la derrota de la ‘subversión’ son hechos simétricos, paralelos. Si la ‘Conquista’ del Desierto implica la organización nacional de 1880, el Proceso de Reorganización Nacional culmina una causa semejante al derrotar a la ‘subversión apátrida’. Ser ‘apátrida’ es ser lo Otro de la patria. Si la patria es Todo, lo Otro es Nada. La ‘subversión apátrida’ no pertenece a la condición humana. La consecuencia de esta convicción es la ESMA. Donde no había sujetos humanos, sólo subversivos”.

Milei admira a Roca, Villarruel es confesa defensora de represores de la última dictadura argentina. No hay mucho más que agregar.

Frente a mandataries que niegan genocidios y en su lugar, reivindican a sus perpetradores, urge aferrarse a la lucha por los derechos humanos. Es imperioso redoblar el camino de la Memoria, la Verdad y la Justicia. Porque ya lo han dicho Madres y Abuelas. Y lo hemos retomado les memorioses de estas tierras del sur del sur. Y, por supuesto, lo seguiremos diciendo a viva voz y con el cuerpo todo si es necesario: ¡Genocidas. Nunca Más!”.

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