Mujeres Sueltas, entrevista a Sonia Sanchez

Todas tenemos cara de puta.
Para mí la prostitución no es un debate que se debe hacer entre
putas, porque la prostitución nos afecta a todas y todos, no sólo a la
puta, al prostituyente y al proxeneta. Así que tampoco en el debate
vamos a admitir una nueva zona roja, la de cerrar los contenidos
entre putas. Nos afecta como sociedad, como comunidad, como Estado, como nacion» porque allí mismo es donde se engendra la violencia, la exproptacron, la explotación, que es la prostitución, sobre nuestros cuerpos y subjetividades.
Sostener este debate entre nosotras las putas es seguir aisladas, con
un lenguaje empobrecido, reconociéndonos culpables, fortaleciendo
nuestra vulnerabilidad, despojando de culpabilidad y responsabilidad
a nuestro entorno; es hacernos cargo de la negligencia, despotismo,crueldad, maldad, hipocresía venidos de la Iglesia, políticos y funcionanos. Yo como mujer prostituida soy el resultado de ellos, del accionar proxeneta del Estado, de la complicidad de la sociedad, de la
hipocresía de la iglesia y de muchas y muchos. Por eso es necesario eldebate con la sociedad toda, para que no se corran del lugar de res-
ponsabilidad que les toca. Sé que es meter el dedo en la llaga, sé que
es un accionar subversivo desde la puta.
Debatir con la Iglesia su postura sobre nosotras, de pecadoras, que «debemos ser. redimidas», debatir el lugar nuestro que justifica su misericordia y cariad para con nosotras.
Debatir con la sociedad su complicidad con el prostituyente, que sonsus hermanos, padres, primos, curas y pastores; son responsables
desde su omisión de nuestra cosificación y explotación. Son responsables y.cómplices de la violencia física que sufrimos desde la policía.
Debatir con el Estado nuestra situación, que es producto y resultado
de sus políticas, muchas de ellas mal llamadas de «inclusión social!’políticas que nos siguen sosteniendo en las esquinas, en los burdeles,
Debatir, visualizar en las escuelas, en las plazas, en las casas.
SONIA SÁNCHEZ. Frag. Pág. 33 del libro » Ninguna mujer nace para puta».