¿Qué está pasando en Sudan? Una guerra silenciada que el mundo elige no mirar
La madrugada del 15 de abril del 2023 estalló en Jartum capital de Sudán, al norte del continente africano, el conflicto entre las Fuerzas Armadas de Sudán y las Fuerzas de Apoyo Rápido, convirtiendo a la ciudad en un campo de batalla. La lucha no tardó en extenderse rápidamente por todo el país, a zonas como Darfur, Kordofán del Norte y el estado de Gezira.
Las Fuerzas Armadas Sudanesas (FAS), están lideradas por el general Abdel Fattah al-Burhan, y las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR o RSF) y comandadas por Mohamed Hamdan Dagalo, conocido como «Hemedti». Estas últimas son una fuerza paramilitar independiente que, hasta el conflicto actual, combatían en nombre del gobierno de Sudán junto con las Fuerzas Armadas de Sudán.
Es sabido que las FAR surgieron de las milicias Janjaweed, responsables del genocidio en Darfur entre 2003 y 2005, donde murieron alrededor de 300.000 personas. Estas milicias cometieron atrocidades sistemáticas contra las comunidades fur, masalit y zaghawa (grupos de origen africano no árabe), incluyendo asesinatos en masa, violaciones y destrucción de aldeas enteras. De hecho, tienen su origen en la milicia yanyawid y fueron fundadas hace más de 20 años por el expresidente de Sudán, Al Bashir, para frenar rebeliones en Darfur.
Desde entonces, los yanyawid y las FAR, aliados con las Fuerzas Armadas de Sudán, han llevado a cabo campañas de violencia étnica contra comunidades darfuríes.
Las investigaciones hasta el momento, realizadas por Amnistia internacional verificaron múltiples casos de ataques por motivos étnicos contra personas masalit en Darfur Occidental, en ciudades como Ardamata, El Geneina, Misterei y Tandelti, lo que ha dado lugar a denuncias por parte de la Fiscalía de la Corte Penal Internacional de crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y genocidio.
Abdel Fattah al-Burh, lider militar de FAS y Mohamed Hamdan Dagalo, «Hemedti», de FAR o RSF, colaboraron en el golpe de Estado de 2019 que derrocó al dictador Omar al-Bashir, quien gobernó el país durante 30 años.
Tras ser depuesto Al Bashir, Sudán inició una serie de reformas en la transición a un nuevo gobierno. Algunas afectaban a las operaciones de las FAs y FAR.
Inicialmente acordaron una transición hacia un gobierno civil, pero eso nunca resultó. Las tensiones fueron insostenibles cuando se intentó integrar las FAR o RSF dentro de las Fuerzas Armadas, lo que habría significado que Hemedti perdiera su poder independiente.
Del conflicto de facciones a una crisis humanitaria sin precedentes
Este conflicto entre las dos facciones finalmente estalló en abril de 2023. El carácter indiscriminado y generalizado de los ataques de ambas partes en el conflicto deja a la población de Sudán con dos opciones: huir de sus lugares de origen o quedar atrapada entre dos fuegos.
Más de 9 millones de personas están internamente desplazadas en Sudán, por lo que se trata de la mayor crisis de desplazamiento del mundo. La magnitud de esta crisis y la escasez de suministros en todo el país ha creado una situación en la que estas personas desplazadas no sólo sobreviven sin refugio, sino que también carecen de alimentos, agua y medicinas.
Otres 1,8 millones de personas han huido de Sudán a países vecinos como República Centroafricana, Chad, Egipto, Etiopía y Sudán del Sur. Muchas personas refugiadas han sido detenidas arbitrariamente o devueltas a los peligros para sus vidas de los que intentaban escapar.
Mujeres y niñes están siendo violades y vejades de manera sistemática. Son miles los testimonios de sobrevivientes.
La escalada de violencia en aumento y el silencio internacional
En octubre de 2025, la situación llegó a un punto crítico con la caída de El Fasher, la última ciudad importante en Darfur bajo control del ejército. La toma de esta ciudad ha sido acompañada de asesinatos masivos, con informes de más de 2.000 civiles ejecutados en solo 48 horas. La violencia es tan extrema que las manchas de sangre en el suelo son visibles desde satélites espaciales.
Múltiples potencias extranjeras tienen intereses en el conflicto: Egipto y Arabia Saudí apoyan al ejército sudanés, mientras que Emiratos Árabes Unidos ha sido acusado por Naciones Unidas de suministrar armas avanzadas, incluidos drones chinos, a las RSF. Esta intervención externa ha convertido a Sudán en un campo de batalla regional donde la paz parece imposible.
La respuesta internacional ha sido vergonzosamente insuficiente. En diciembre de 2024, el Consejo de Seguridad de la ONU decidió poner fin al mandato de la misión de protección de civiles en Sudán (UNITAMS) sin que exista una alternativa.
El Plan de Respuesta Humanitaria para Sudán necesitaba 2.700 millones de dólares en 2024, pero solo recibió el 3,1% de la financiación. En 2025, la situación es aún peor: de los 1.800 millones de dólares necesarios para la respuesta regional, solo se ha recibido el 10%.
Algunos Estados continúan violando el embargo de armas impuesto por la ONU en Darfur, permitiendo que ambos bandos sigan combatiendo. La guerra en Sudán representa una advertencia sobre los conflictos del futuro: múltiples actores externos alimentan la violencia, los mediadores tradicionales fracasan y la paz resulta cada vez más inalcanzable.
Más datos (alarmantes)
Víctimas mortales: Entre abril de 2023 y diciembre de 2024, más de 27.000 personas civiles murieron según datos de la ONU, aunque el número real se estima mucho mayor. Solo en la primera mitad de 2025, se documentaron al menos 3.384 muertes de civiles, casi el 80% de todas las víctimas civiles del año anterior en solo seis meses. Otras fuentes calculan más de 150.000 muertes vinculadas al conflicto.
Desplazamiento masivo: Casi 13 millones de personas han sido forzadas a huir de sus hogares. De ellas, aproximadamente 9 millones son desplazadas internas y cerca de 3,8 millones han cruzado las fronteras hacia países vecinos (principalmente Chad, Sudán del Sur y Egipto). Esto convierte a Sudán en la mayor crisis de desplazamiento del mundo. Uno de cada 13 refugiados en el mundo es sudanés.
Hambruna: Cerca de 25 millones de sudaneses (la mitad de la población) enfrentan grave inseguridad alimentaria. En el campo de desplazados de Zamzam, en Darfur, la ONU confirmó condiciones de hambruna. Las hostilidades han destruido tres cuartas partes de las instalaciones de salud en las zonas afectadas.
La violencia sexual se utiliza como arma de guerra de forma sistemática y generalizada. Amnistía Internacional documentó la violación de 36 mujeres y niñas entre 2023 y octubre de 2024, mientras que Human Rights Watch verificó 79 casos de niñas y mujeres (de entre 7 y 50 años) violadas solo en el estado de Kordofán del Sur. UNICEF reportó 221 casos denunciados de violación de menores en nueve estados en 2024, incluidos 16 niños menores de cinco años y cuatro bebés menores de un año. Sin embargo, todas las organizaciones coinciden en que estas cifras son solo una fracción mínima de la realidad, ya que la mayoría de las víctimas no pueden denunciar por miedo al estigma, las represalias o la falta de acceso a autoridades. Los crímenes incluyen violaciones individuales y en grupo, esclavitud sexual durante semanas o meses, y violaciones como castigo o represalia.
Violencia étnica: Los ataques de las RSF se dirigen especialmente contra comunidades africanas no árabes (fur, zaghawa y masalit). La ONU ha advertido del riesgo creciente de limpieza étnica y genocidio, similar a lo ocurrido en Darfur hace dos décadas.










