“Elegí mi vida”: una frase que se volvió libro, bandera y revancha feminista
Hay libros que llegan en el momento exacto en que más se los necesita. Elegí mi vida. Una mirada feminista sobre salud mental y experiencias de embarazos no deseados, abortos voluntarios clandestinizados, de Natalia Santarelli, es uno de ellos. Publicado por la editorial Nuestra América con el acompañamiento del Centro de Estudios Avanzados (CEA) de la Universidad Nacional de Córdoba, el texto condensa más de diez años de investigación, militancia y escucha profunda a mujeres de San Luis y Mendoza que atravesaron abortos farmacológicos en plena clandestinidad, entre 2009 y 2019.
La autora es Natalia Santarelli es doctora en Estudios de Género por la UNC, licenciada en Psicología, docente de la Universidad Nacional de San Luis y activista por el derecho a decidir. En una entrevista con La Bulla Comunicación Alternativa, Santarelli repasa el proceso que llevó su tesis doctoral a convertirse en un objeto-libro feminista, accesible, necesario y urgente.
En un contexto político donde el gobierno de Javier Milei avanza sistemáticamente sobre los derechos alcanzados por el movimiento feminista —desfinanciando el Ministerio de Mujeres, atacando la educación sexual integral, cuestionando la Ley 27.610 de Interrupción Voluntaria del Embarazo y muchos más— la publicación de este libro adquiere una dimensión que excede lo académico. Es, también, un gesto político.
Del CONICET al libro: la ciencia pública como condición de posibilidad
La génesis de esta investigación remite a un lugar preciso: el silencio. Santarelli recuerda que durante su formación como psicóloga, el aborto brillaba por su ausencia en la currícula universitaria. Ese mutismo no era inocente.
«Siempre me llamó mucho la atención cómo el tema no estaba dentro de la currícula, pero ni siquiera una referencia. Había un silenciamiento que ahora lo puedo entender como parte de estos procesos de marginación propios de la clandestinización de las experiencias», recuerda.
Fue ese vacío el que la impulsó a investigar. Y para hacerlo, necesitó del andamiaje de la ciencia pública. Una beca doctoral de CONICET entre 2016 y 2021 fue la que hizo posible el trabajo de campo, el análisis y la escritura de la tesis. La universidad pública —en este caso la UNSL y la UNC— proveyó el marco institucional, los espacios de debate y la comunidad de interlocución.
«Esta investigación la pude hacer gracias a una beca doctoral de CONICET. Fue gracias a la financiación de CONICET que esta investigación pudo ser realizada, y a su vez dentro también de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de San Luis», detalla Santarelli.
El dato no es menor en el momento histórico actual. El gobierno de Milei ha recortado dramáticamente el presupuesto del CONICET, dejando sin renovación a investigadoras e investigadores, cerrando convocatorias y desfinanciando áreas consideradas «no prioritarias». Los estudios de género se encuentran entre los más afectados. Libros como el de Santarelli son, entonces, frutos de un sistema de producción de conocimiento que hoy está siendo desmantelado.
El proceso de adaptar la tesis al formato libro fue acompañado por el Centro de Estudios Avanzados CEA-UNC, que cada año selecciona tesis doctorales para trabajarlas con sus autoras y autores en una reescritura que busca mayor accesibilidad. Una vez listo el manuscrito, la editorial Nuestra América se encargó de la edición impresa. La tapa, diseñada por Andrea Santarelli, tomó colores que no son casuales: «Estuvimos conversando mucho sobre lo conceptual que implicaba la tapa, donde terminamos eligiendo un brote en colores verdes y violetas, muy vinculados a la posición epistemológica, teórica, política y ética del libro, que justamente en su mismo título lo dice: una mirada feminista».
Verde y violeta, los colores de la marea. Un brote: algo que nace, que empuja hacia arriba incluso desde debajo de la tierra. La imagen condensa, sin palabras, lo que el libro desarrolla en cientos de páginas.

Clandestinizar: más que un delito, un dispositivo de silencio y culpa
Uno de los aportes teóricos más potentes del libro es la categoría de clandestinización. Santarelli la construyó en diálogo con los propios relatos de las mujeres entrevistadas —alrededor de treinta, del Gran San Luis y el Gran Mendoza— y de activistas y profesionales de la salud.
«La clandestinización como proceso complejo donde no solo está la criminalización —esto de convertir en delito una decisión— sino que también lo pude pensar operando complejamente junto a dos procesos más: uno de ellos es la marginación, marginación de las experiencias de los servicios de salud, de los espacios de formación de grado. Y el otro proceso tiene que ver con la estigmatización, que fue una estrategia de disciplinamiento, de fragilización de género que apareció mucho en los relatos y que va más allá de la condición legal del aborto: la estigmatización de la experiencia y la imposición del silencio», explica la autora.
La investigación abarca el período 2009-2019. El punto de partida, 2009, coincide con el lanzamiento de la línea de Lesbianas y Feministas por la Descriminalización del Aborto y la publicación del primer manual sobre aborto con pastillas. El punto de llegada, 2019, antecede por un año a la sanción de la Ley 27.610.
En ese período, las mujeres entrevistadas dieron cuenta de cómo los sentidos feministas fueron disputando territorio. El relato de Santarelli es preciso al señalar lo que ocurrió en esos años:
«Todo este trabajo de construcción de unos sentidos otros sobre los abortos que se venían trabajando desde los feminismos desde hace décadas, en este periodo ocurre que esto florece de alguna manera, empieza a llegar a lugares donde antes no llegaba. Empieza el debate sobre el aborto como derecho a ocupar todos nuestros espacios, ya no solo los espacios de conversación entre feministas, sino que empieza a impregnar las universidades, las familias, los lugares de trabajo, y por supuesto el Senado».
Lo que el libro documenta, entonces, no es solo una historia de clandestinidad y padecimiento, sino también una historia de organización colectiva, de construcción de redes de cuidado: las socorristas, la línea telefónica de acompañamiento, los grupos locales en San Luis y Mendoza, las profesionales de la salud articuladas con la campaña. Todas esas redes, ahora también bajo ataque, son las protagonistas invisibles de cada aborto seguro que ocurrió en ese tiempo.
«Elegí mi vida»: cuando el aborto es una elección vital
El título del libro no es de Santarelli. Es de una de las mujeres que la investigadora entrevistó, y que al final de un relato largo y complejo cerró su historia con una afirmación simple y contundente. Santarelli la recuerda así:
«Fue una frase que a mí me quedó resonando mucho. Al momento de elegir el título del libro, fuimos por esa frase también pensando el aborto como una elección vital».
La decisión de poner esas palabras en la tapa tiene también una dimensión de disputa simbólica que la autora nombra sin eufemismos:
«Por años nos arrebataron el significante vida. Los movimientos antiderechos nos quisieron arrebatar la vida y todo lo que conlleva. Nos quisieron —de manera más o menos eficaz— poner en disvalor nuestras vidas. Para mí, o para nosotras, me animo a decir, para nosotras las feministas, el sujeto del aborto es la persona que aborta: mujeres y personas con capacidad de gestar. Esas son las vidas en las que estamos pensando».
Recuperar la palabra «vida» para hablar de las vidas de quienes abortan es, en el contexto actual, un acto de una radicalidad inesperada. Mientras sectores antiderechos —con mayor eco institucional que en años anteriores— agitan una y otra vez la retórica de «las dos vidas», Santarelli y su libro insisten en visibilizar al único sujeto que queda fuera de ese discurso: la persona gestante.
Y va más lejos. La investigación muestra que esa elección no es puntual sino que genera una cadena de movimientos subjetivos:
«Esta elección habilita toda una serie de movimientos subjetivos o socio-subjetivos vinculados a elecciones vitales de otro orden: más vinculados al trabajo, a la pareja, a las relaciones, al posicionamiento en las redes familiares. Muchas personas, tras atravesar su propio aborto cuidado y acompañado por feministas, deciden incorporarse en esas mismas redes feministas.»
Desde la perspectiva de la salud mental que propone el libro —colectiva, relacional, alejada del paradigma patologizante—, esa incorporación a las redes feministas es, en sí misma, un acto terapéutico y político al mismo tiempo.
«Al incorporarse en estos grupos lo que hacen es trabajar, operar sobre las condiciones que producen esos malestares que ellas mismas sufrieron. Esos movimientos a mí me parecen fabulosos, me parece que hay que pensarlos en términos de salud mental».

Investigaciones vivas en tiempos de retroceso
Uno de los momentos más reveladores de la entrevista fue cuando Santarelli describió el cambio que ocurrió entre la primera y la segunda ronda de entrevistas, separadas por el hito político que fue el debate parlamentario de 2018:
«En el 2017 era yo quien iba contactando a las posibles protagonistas de esta investigación. Lo que me ocurrió en el 2019 fue que ellas me empezaron a contactar a mí al saber que la investigación estaba. Ellas me escribían y me decían: ‘Quiero participar, quiero testimoniar, quiero dar mi relato, quiero contar mi experiencia’.»
La marea verde no solo cambió las leyes. También cambió la disposición de las mujeres a narrar sus propias historias, a salir del silencio, a ocupar el lugar de sujetas de saber y no solo de padecimiento.
Hoy, en pleno retroceso, el libro llega con una vocación de permanencia. Santarelli lo dice claramente: aunque el libro ya esté «cerrado», sigue vivo. Y es precisamente en este contexto de ajuste, desfinanciamiento y restauración conservadora donde sus páginas adquieren una función que va más allá de la divulgación académica.
La investigación —con sus treinta testimonios, sus categorías teóricas, sus reflexiones sobre cuidado y autonomía— es también un archivo de lo que fue posible construir. Un recordatorio de que la Ley 27.610 no cayó del cielo sino que fue conquistada en plazas, en asambleas, en redes de acompañamiento, en líneas telefónicas, en tesis doctorales financiadas por el Estado público.
Y es, al mismo tiempo, un mapa de las herramientas que el movimiento feminista tiene para resistir: las redes de cuidado, la producción de conocimiento situado, la memoria colectiva, la capacidad de nombrar lo que el poder prefiere que permanezca en silencio.
¿Cómo conseguir el libro?
El libro existe en versión impresa y en versión digital de descarga gratuita. Para la versión digital: repositorio del CEA-UNC en https://rdu.unc.edu.ar/items/85f2e1fd-531f-45a8-869f-3a5f7990bc9d
La próxima presentación está prevista para el 4 de junio en la Facultad de Ciencias Económicas, Jurídicas y Sociales (FCEJS) de la UNSL en Villa Mercedes, donde el libro dialogará con Recuperando Voces, una compilación sobre trabajo social en acompañamiento de IVE.
Escuchá la entrevista completa realizada por la Bulla en el programa Enredando las Mañanas, el informativo de la Red de Medios Alternativos:










