Nos venden el país y nos lo cobran a nosotres

Junio fue el mes en que el gobierno de Milei terminó de explicitar el modelo: si hay un negocio, alguien tiene que pagar la fiesta. Y esa alguien, una vez más, somos nosotras y nosotres.
En su columna Voces Aguafiestas que sale d en el informativo Enredando las Mañanas, Daniela Chávez —integrante de la Colectiva Transfeminista Aguafiestas— repasa las seis medidas que el gobierno firmó este mes y que resumen el plan: vaciar al Estado y entregar los bienes comunes a privados. El gas de Vaca Muerta por 30 mil millones de dólares y 20 años de exportación. El río Paraná, por donde sale el 80% de lo que produce el país, concesionado por 30 años. Atucha I y II, la central nuclear más grande de Argentina, a gestión privada. Las Cataratas del Iguazú licitadas por tres décadas. Las represas del Comahue, que generan el 10% de la energía del país, puestas en venta. Y AySA, que le da agua a 14 millones de personas, camino a la privatización.
Daniela lo lee en clave feminista: esto no es solo un ajuste económico, es extractivismo patriarcal. Se privatiza la ganancia y se socializa la pérdida, y esa pérdida se descarga sobre el trabajo de cuidado, las casas, las comunidades. Cuando el Estado se retira, alguien tiene que sostener lo que queda —y ese alguien, gratis y las 24 horas, es siempre el mismo.
El ejemplo ya lo tenemos a mano, dice Daniela: Vaca Muerta. Varones en rotación 21×7, un pueblo que se arma alrededor del boom y, cuando la empresa se va, queda el agua contaminada y las mujeres criando solas, sin aportes, sin jubilación. Ese es el mapa que se repite cada vez que se firma un contrato de estos.
Y hay un dato que atraviesa las seis medidas: quién estuvo en la mesa donde se decidió todo esto. Tres empresas, directorios 90% varones. El futuro energético del país para las próximas tres décadas se definió sin mujeres. Y cuando no estamos en la mesa donde se reparte la plata, después tampoco estamos en el presupuesto donde se sostiene la vida.
La columna trae también la lectura de Rita Segato: capitalismo y patriarcado son el mismo sistema, y avanzan saqueando primero el territorio y después los lazos comunitarios. Milei no inventó el modelo, lo aceleró.
La pregunta que deja Daniela es simple y filosa: cuando hablan de «soberanía energética», ¿soberanía de quién? Si ni el gas, ni el río, ni el agua los decidimos nosotras, no hay soberanía posible.
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