«Doble condena»: la Justicia cordobesa sentenció a Lulén Watts y Max Caviglione a 12 años y seis meses de prisión en un juicio sin perspectiva de género

La Cámara 5° en lo Criminal y Correccional de la ciudad de Córdoba condenó el viernes 28 de agosto a Lulén Watts y Max Caviglione, una pareja de varones trans, a 12 años y seis meses de prisión por el delito de homicidio en grado de tentativa agravado por el vínculo y por criminis causa. El jurado popular descartó los agravantes de alevosía, uso de estupefacientes y codicia que insistía en sostener el fiscal Marcelo Fenoll, pero igual convalidó una pena altísima contra dos jóvenes sin antecedentes penales. La condena llega en un contexto que, según denuncian las organizaciones que acompañan la causa, expone una vez más la ausencia de perspectiva de género y de derechos humanos en el Poder Judicial cordobés.
El hecho ocurrió el 5 de febrero de 2025 en una vivienda del barrio Cofico, en la ciudad de Córdoba. Ese día, Lulén se dirigió a la casa de su padre adoptivo, William Watts, junto a Max, para recuperar unas fotografías de su abuela, recientemente fallecida, quien había tenido un papel central en su crianza. William Watts, que a lo largo de todo el proceso se negó a reconocer la identidad de género de su hijo, no permitió que se retiraran y se desató un enfrentamiento físico entre los tres. Un vecino que observó la escena alertó a la policía y, desde ese mismo momento, Max y Lulén quedaron detenidos en la cárcel de Bouwer, donde permanecen desde hace más de un año y medio.
Según relatan las abogadas defensoras, Rocío García Garro y Dania Villanueva, Lulén había dejado la casa paterna años atrás como consecuencia de una violencia sistemática -económica, física y psicológica- que sufrió durante toda su infancia y adolescencia, agravada por el rechazo de William Watts a su identidad trans. Testigues que declararon durante el juicio dieron cuenta del maltrato y el desprecio que el hombre ejercía sobre el adolescente, a quien discriminaba por su orientación sexual y su forma de vestir.
Las defensoras no negaron en ningún momento la agresión contra William Watts, pero insistieron en que la sentencia debía contemplar como atenuante el contexto de violencia de género que atravesó Lulén durante años. También aportaron como prueba las marcas físicas en el cuerpo de Lulén, producto de golpizas y autolesiones vinculadas al daño en su salud mental y emocional, y el testimonio de amigues que sostuvieron el pedido de perspectiva de género a lo largo de todo el proceso.
El fiscal Fenoll había pedido una condena de 13 años y cuatro meses, similar a la que el mismo fiscal solicitó en el pasado contra un hombre acusado de abusar durante años de una niña de su familia. García Garro calificó la sentencia como una «abierta desproporción en la condena tratándose de chicos sin antecedentes». Villanueva, por su parte, había señalado durante los alegatos que ni siquiera a los femicidas se les suelen pedir tantos agravantes como los que el fiscal reclamó contra Max y Lulén.
Durante su testimonio, Lulén no negó en ningún momento su responsabilidad en la agresión: se lamentó por lo sucedido y remarcó que esa reacción no representa quién es. Ese reconocimiento, coinciden las organizaciones que acompañan la causa, no fue tenido en cuenta como atenuante por el jurado popular ni por el tribunal técnico.
La sentencia fue leída ante una sala semillena: de un lado, más de quince amigues de Max y Lulén junto a los acusados; del otro, solo sillas vacías y William Watts, quien había denunciado a su propio hijo. Afuera de Tribunales, mientras se conocía el fallo, se desarrollaba una radio abierta y una olla popular organizada junto a colectivos anticarcelarios.
Cárcel, acompañamiento colectivo y el Encuentro Plurinacional
La detención de Max y Lulén expone además la situación de las cárceles argentinas, marcadas por el hacinamiento, la precariedad edilicia y el acceso limitado a la salud. En el caso de personas trans privadas de su libertad, ese cuadro se agrava con las dificultades para sostener tratamientos hormonales, cada vez más restringidos por los recortes que el gobierno nacional viene aplicando sobre las políticas de género y diversidad.
Desde una perspectiva antipunitivista, distintas organizaciones remarcan que el sistema penal no resuelve los conflictos sociales, sino que los profundiza, y que la cárcel no ofrece a las personas detenidas herramientas reales para reparar el daño causado.
Desde que Max y Lulén fueron detenides, sus amigues se organizaron bajo el nombre Mala Racha para sostener los gastos del proceso judicial, entre ellos los honorarios de las abogadas defensoras. A través de rifas, comidas, eventos culturales y bingos, el colectivo recaudó fondos durante meses y acompañó cada instancia del juicio en las puertas de Tribunales. La causa puede seguirse en Instagram a través de la cuenta Mala Racha 2, donde también se difunde un alias para quienes quieran realizar aportes económicos. El reclamo central del colectivo es que se revise la condena y se disponga la libertad de Max y Lulén.
La condena se conoció a semanas de la realización del 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersex y No Binaries, que se realizará en Córdoba los días 10, 11 y 12 de octubre. La Comisión Organizadora del Encuentro se pronunció públicamente tras conocerse el fallo para pedir la libertad de Max y Lulén y señaló que el tribunal tuvo la posibilidad de incorporar una mirada atravesada por los derechos humanos y las violencias de género, y que al desconocer las violencias previas que atravesó Lulén, el propio Poder Judicial reprodujo esa violencia.
Las organizaciones que acompañan la causa esperan que la presión colectiva logre atenuar la pena impuesta, tal como ocurrió meses atrás con Paola Ortiz, una mujer cordobesa que había sido condenada a prisión perpetua en 2012 tras una emergencia obstétrica y que, luego de 13 años detenida y de una fuerte movilización feminista, recuperó su libertad por orden del Tribunal Superior de Justicia de Córdoba.
Escuchá la Columna LGBT+, realizada por Cinthia López Gulbinas, donde analiza la situació de Max y Lulén:











