UNA JUGADA DE SELECCIÓN: Crónica de una asamblea docente. Por Maximiliano Gaitán

Son las cinco de la tarde, el salón que nos recibe espera en su pronóstico unos cuarenta participantes, bastante menos que la última vez. Aunque ese número es lo esperable desde hace ya varios años, nos encontramos con la sorpresa de que la separación de nuestros intereses, respecto del fanatismo funcional político que enardece el clima oficialista, dio sus frutos. Hoy somos cien. Nos fuimos sumando de a poco, entre los que estábamos había compañeros que veían oportuno afiliarse para sumar su voz y su voto en asamblea. Cada vez que lo recuerdo, asomo la cabeza para ver él o la nueva docente que se hizo presente.
Junto a estas gratas novedades se suman las voces acerca de las negociaciones salariales que vienen de Buenos Aires. Esta vez, con aires no tan buenos, recibimos la noticia acerca de una nueva propuesta salarial. Nuestro aumento salarial debe seguir ajustándose a una negociación en cuotas por debajo del gasto mensual necesario para llegar a fin de mes. No es necesario recurrir a números para entender que seguimos siendo trabajadores pobres y que el enriquecimiento económico, ésta vez, lo obtendrán los acreedores extranjeros. Sin embargo, seguimos estando allí.
Me dirijo al compañero que tengo a mi lado con ánimo de entrar en breve diálogo, mientras tanto la asamblea ya se desarrolla con inquietud por la futura situación. La cuestión en trámite parece ser que otros compañeros trabajadores, con ideas algo distintas a las nuestras van a decidir, por el conjunto de todos los trabajadores universitarios de nuestro País, aceptar este “arreglo salarial”. Entonces le pregunto: “¿a quién se dirige nuestro reclamo?” El me mira y me contesta: “contra todo”. Y sin embargo, seguimos estando.
“Tomemos el Rectorado”, surge desde la otra punta del salón. Las miradas se entrecruzan y las ideas también: “No es prudente esa acción, no acuerdo”, “Cortemos una ruta, el Estado Nacional tiene que escuchar nuestro reclamo”, “Pero justo mañana juega la Selección” y de ese modo se van sumando las disquisiciones. Miro nuevamente a mi compañero de al lado, tiene barba. ¿Será también un clima de época? ¿Deberé cortarme la barba? ¿Dónde queda la izquierda? Y sin embargo seguimos estando.
Creo a esta altura que debo preguntarme cosas mucho más importantes. Cosas que trasciendan el clima de esta época. Ellos son mis compañeros de lucha, cada vez somos más. El sentido primordial de una lucha es salir victoriosos y hacia allí veo que estamos arribando. Las formas de la hegemonía dispersan el objetivo, nos proponen varios frentes. La Educación Pública vs. Educación Privada, los Fondos Buitres vs. Salario de los Trabajadores, Investigadores vs. Docentes, Fútbol vs. Selección. Pero son aquellos que hoy me acompañan los que me ayudan a parar con responsabilidad, los que se hacen preguntas mucho mejores que las mías, incluso callando.
No sería nada de otro mundo esperar que mañana se firme el acuerdo antes del mediodía. Las almas nacionalistas sedientas de gloria esperan que una pulga les pique el corazón celeste y blanco. Vermut de por medio se golpearan el pecho tras haber ganado jugando mal, jugando sucio. Al fin y al cabo la pulga no tiene la culpa, porque como dice Hernán Casciari, “Messi es un perro”.
Y sin embargo, aún no nos vamos.
Sé que no llego a estar para la toma de decisiones, quiero estar para levantar mi mano, me entusiasma hacer eso, pero me tengo que ir. Miro nuevamente a mi compañero de al lado, pero esta vez elevo la mirada un poco más allá, la compañera terminaba de llenar la planilla de afiliación. Entendí en ese momento que la decisión, sea cual fuere, era seguir estando juntos. Es decir, seguir estando allí.

Maximiliano Gaitán – Trabajador docente – Departamento de Comunicación UNSL