Guadalupe Belén Lucero: cinco años de una ausencia que interpela al Estado
Este 14 de junio se cumplen cinco años de la desaparición de Guadalupe Belén Lucero Cialone. Cinco años de una búsqueda ininterrumpida sostenida por su familia y una comunidad que nunca dejó de preguntar dónde está Guadalupe.
La niña tenía apenas cinco años cuando fue vista por última vez el 14 de junio de 2021 en el barrio 544 Viviendas de la ciudad de San Luis. Desde entonces, la causa transitó por distintos fueros judiciales, acumuló hipótesis, cambios de rumbo y numerosas críticas por la falta de respuestas concretas.
A cinco años de aquella tarde, la investigación incorpora nuevos elementos que vuelven a poner en discusión las decisiones adoptadas durante los primeros momentos de la búsqueda. Al mismo tiempo, las recientes reuniones entre autoridades nacionales y provinciales con la familia reabren expectativas sobre medidas que, para muchas organizaciones que acompañan el caso, llegan después de años de reclamos.
La desaparición de Guadalupe expone las limitaciones de los sistemas de búsqueda de niñas, niños y adolescentes en Argentina, las dificultades de articulación entre organismos estatales y la ausencia de políticas públicas integrales capaces de actuar con rapidez cuando cada hora resulta determinante.

Cronología de una búsqueda atravesada por omisiones, demoras institucionales y una deuda pendiente con las niñeces
2021: la desaparición y los primeros reclamos
El 14 de junio de 2021 Guadalupe desapareció mientras participaba de un encuentro familiar en el barrio 544 Viviendas de la ciudad de San Luis.
Durante los días posteriores se desplegaron operativos de búsqueda con participación de fuerzas provinciales y federales. Sin embargo, la ausencia de resultados concretos comenzó rápidamente a generar cuestionamientos sobre la coordinación de las acciones y la conducción de la investigación.
Mientras las instituciones acumulaban procedimientos, la familia materna inició una intensa campaña pública para exigir la aparición con vida de la niña. Marchas, concentraciones y actividades de visibilización ocuparon las calles de San Luis durante meses.
En ese contexto, el entonces dirigente opositor Claudio Poggi participó de diversas movilizaciones acompañando el reclamo familiar. También llegó a la provincia Susana Trimarco, histórica referente en la lucha contra la trata de personas, quien respaldó a la familia, aportó visibilidad nacional al caso, pero dejo un sabor amargo por sus idas y vueltas con el poder de turno.
Con el paso de los meses, la investigación comenzó a involucrar a la Justicia Federal ante la posible existencia de delitos de competencia federal, entre ellos la trata de personas. Sin embargo, las distintas líneas investigativas no lograron traducirse en avances significativos.
2022: una causa sin respuestas
Durante 2022 la investigación continuó alternando entre jurisdicciones provinciales y federales sin consolidar una hipótesis predominante.
La familia denunció reiteradamente falta de información, escasa comunicación institucional y ausencia de resultados concretos. Las movilizaciones continuaron tanto en San Luis como en distintos puntos del país.
A medida que pasaba el tiempo, el caso comenzaba a evidenciar una problemática estructural: la inexistencia de mecanismos ágiles y coordinados para la búsqueda de niñeces desaparecidas, especialmente durante las primeras horas posteriores a la denuncia.
2023: la persistencia del reclamo
En 2023 la causa mantuvo una presencia intermitente en la agenda pública.
Mientras la familia continuaba reclamando avances, la desaparición de Guadalupe volvió a aparecer en el escenario político provincial durante el proceso electoral. Sin embargo, más allá de los discursos y acompañamientos públicos, no se registraron avances sustanciales que permitieran conocer qué ocurrió con la niña.
La distancia entre la exposición mediática y las respuestas efectivas volvió a dejar en evidencia una deuda estatal que atravesaba tanto a organismos provinciales como nacionales.
2024: una denuncia que abre nuevos interrogantes
En noviembre de 2024 se inició una causa por abuso sexual contra Roque Lucero, abuelo paterno de Guadalupe.
La investigación surgió a partir de la denuncia realizada por hechos contra una niña con discapacidad y comenzó a tramitarse dentro del fuero provincial. Con el avance de la causa se desarrollaron diversas medidas probatorias, incluida una Cámara Gesell cuyo resultado fue considerado positivo por la investigación.
Sin embargo, la existencia de esta información no tuvo una incorporación visible dentro de la causa principal por la desaparición de Guadalupe.
2025: otro año sin respuestas
A cuatro años de la desaparición, la investigación seguía sin ofrecer respuestas sobre el paradero de la niña.
Las marchas impulsadas por familiares, organizaciones sociales y colectivos feministas mantuvieron vigente el reclamo. Mientras tanto, continuaban las denuncias por falta de articulación entre organismos judiciales y de seguridad.
La sensación predominante entre quienes acompañan la búsqueda era la misma que desde el inicio: el Estado seguía llegando tarde.
2026: nuevas denuncias, nuevas preguntas
El 20 de abril de 2026 se formalizó la imputación de Roque Lucero por abuso sexual gravemente ultrajante contra una menor.
Además, trascendió la existencia de otra denuncia por hechos similares.
La situación generó un fuerte impacto en la familia materna. El 30 de abril, Yamila Cialone tomó conocimiento de estas denuncias y acudió junto a Silvia Lucero a la Fiscalía Federal. Según relató posteriormente, allí le informaron que no tenían registro de esos antecedentes.
Días después, el 3 de mayo, publicó un comunicado en el que denunció que el abuelo paterno de Guadalupe había sido escasamente investigado pese a que dentro del expediente existían antecedentes que debieron haber sido profundizados desde 2021.
“Cuando tu hija está desaparecida, se investiga todo, a todos”, sostuvo la madre de Guadalupe, reclamando que ninguna línea investigativa sea descartada sin una evaluación exhaustiva.
Las declaraciones volvieron a instalar interrogantes sobre la circulación de información entre organismos judiciales, la falta de cruces de datos y la capacidad institucional para abordar investigaciones complejas vinculadas a violencias contra las infancias.
La abogada querellante Soledad Poma de Otaegui señaló que la imputación abre una nueva posibilidad dentro de la investigación principal y solicitó que estos antecedentes sean incorporados formalmente como línea investigativa.

Reuniones, recompensas y nuevas medidas
En la semana previa al quinto aniversario de la desaparición se produjeron movimientos institucionales relevantes.
Este jueves, Yamila Cialone fue recibida por la ministra de Seguridad de San Luis, Nancy Sosa; la directora Nacional de Investigaciones de Delitos de Trata y Contra la Integridad Sexual, María Albornoz; y la coordinadora del Sistema Federal de Búsqueda de Personas (SiFeBU), Paula Sánchez Ayala.
Tras el encuentro, la mamá de Guadalupe expresó que fue escuchada y destacó que surgieron nuevas propuestas y medidas concretas para fortalecer la investigación y la búsqueda de su hija.
Entre las acciones anunciadas se encuentra la actualización de las imágenes difundidas en patrulleros, dependencias policiales y organismos de seguridad, incorporando una proyección digital sobre cómo sería Guadalupe en la actualidad.
Además, el gobernador Claudio Poggi firmó el 13 de junio un decreto que actualiza la recompensa provincial para quienes aporten información útil sobre el paradero de la niña.
La medida se suma al anuncio realizado por el Gobierno Nacional, que elevó a 20 millones de pesos la recompensa destinada a quienes brinden datos certeros que permitan avanzar en la búsqueda.
Si bien estas decisiones son valoradas por la familia, también ponen de manifiesto una pregunta incómoda: ¿por qué muchas de estas medidas llegan recién cinco años después?
Una deuda estatal con las niñeces
El caso Guadalupe expone una problemática que trasciende una investigación judicial particular. Muestra también la incompetencia del gobierno de Rodríguez Saá en la búsqueda inicial de la niña y el uso político que Claudio Poggi, ahora gobernador, hizo del caso.
La falta de coordinación entre organismos, la fragmentación de competencias, las dificultades para compartir información sensible y la ausencia de protocolos integrales con perspectiva de género y de niñez continúan siendo obstáculos estructurales en Argentina.
Las desapariciones de niñas, niños y adolescentes requieren respuestas inmediatas, recursos permanentes y estrategias preventivas sostenidas en el tiempo. No pueden depender exclusivamente de la capacidad de resistencia de las familias ni de la presión social para mantenerse en agenda.
La experiencia de Yamila Cialone revela además otro fenómeno frecuente: la revictimización institucional. Son las familias quienes muchas veces deben insistir, aportar información, reclamar reuniones y exigir medidas que deberían impulsarse de oficio.
Cinco años después, la pregunta sigue siendo la misma: ¿dónde está Guadalupe Belén Lucero? La respuesta continúa pendiente.
Y mientras esa respuesta no llegue, también seguirá pendiente la construcción de políticas públicas capaces de prevenir las violencias contra las infancias, garantizar búsquedas eficaces y evitar que otras familias atraviesen la misma incertidumbre.
Porque buscar a Guadalupe también implica preguntarse qué Estado existe hoy para cuidar a las niñeces y evitar que sean rapadas.











