A 50 años de La Noche del Apagón: ¡Ni olvido ni perdón. Justicia y reparación!

Entre el 20 y 27 de julio de 1976, tres localidades del departamento Ledesma -Libertador General San Martín, Calilegua y El Talar- de la provincia de Jujuy vivieron el horror que hoy se conoce como La Noche del Apagón. Un operativo que incluyó brutales operativos represivos que aún perduran en la memoria como una de los sucesos más traumáticos recientes vividos por esa comunidad.
Los directivos de Ledesma perteneciente a la familia Blaquier, fueron los encargados de entregarles a los integrantes de las Fuerzas Represivas el listado del personal, las famosas listas negras de los que se oponían a la explotación laboral en el Ingenio. También aportaron sus camiones para el secuestro de cientos de obreros y estudiantes.
Ledesma, una de las empresas más grandes del país que sigue produciendo azúcar, papel, jugos, alcohol y biodiesel, ya para ese entonces era un emporio en la zona y tenía muchísimo poder político y económico. Controlaba trabajo, vivienda, salud y hasta el suministro eléctrico de toda la región ya que con su usina abastecía de energía a esas localidades. De esa forma, quitando el suministro eléctrico, sembraba el terror y colaboraba con el accionar del ejército.
Este hecho dio inicio a operativos represivos donde el Ejército, la Policía provincial, la Policía Federal, los gendarmes y capataces del Ingenio comenzaron a allanar y a saquear viviendas. Desplegaron acciones intimidatorias en conjunto con la participación directa de la empresa Ledesma, con cortes de energía eléctrica que fueron desde las 22 horas hasta el amanecer.
Ese mes de julio del `76, la oscuridad fue intencional para favorecer los operativos de secuestro. Durante 7 noches la zona quedó sin luz. Usaron camiones de Ledesma para trasladar a las fuerzas represivas y a les detenides. Incluso usaron galpones de la empresa como centros de detención clandestinos. En esas noches fueron secuestrades casi 400 personas. La mayoría eran trabajadores de Ledesma, delegades sindicales que peleaban por mejores condiciones, docentes, estudiantes y vecines que se organizaban en la zona. 33 de elles siguen desaparecides.
Durante años familiares y organismos de derechos humanos reclamaron y chocaron contra el silencio y la impunidad. Recién en 2012, después de mucha lucha, la justicia procesó a Carlos Blaquier – dueño de Ledesma – y a Alberto Lemos, gerente general del ingenio en 1976, quien firmaba y coordinaba con las fuerzas represivas el día a día de los operativos. Fue una de las primeras causas que juzgaron la responsabilidad empresarial en el terrorismo de Estado.

A 40 años, en 2016, las marchas volvieron a salir con fuerza. En Jujuy caminaron 50 km desde Calilegua hasta la plaza de Libertador. En Buenos Aires desde Plaza de Mayo hasta la sede de Ledesma en Av. Corrientes. Pedían lo mismo: juicio y castigo a todos los responsables.
Hoy, a 50 años, no hay olvido ni perdón. Las heridas y la deuda siguen abiertas en búsqueda de reparación. Sostener memoria es no dejar que el poder económico se lave las manos. Es recordar a les 33 desaparecides ahora y siempre. Es decir que una empresa prestó camiones, galpones, trabajadores y apagó la luz para que se cometieran crímenes. La empresa Ledesma fue parte fundamental del terrorismo de Estado. Apagaron para ocultar. Es recalcar que el golpe genocida fue militar, pero también empresarial y eclesiástico, ya que contó con la complicidad y participación directa de la oligarquía empresarial y clerical argentina.
Hoy más que nunca, urge encender la memoria colectiva y gritar fuerte !Ni memoria ni perdón. Justicia y reparación!











