Cultura

«El cine de les invisibles»: Invicines vuelve a San Luis para poner en pantalla las producciones que la agenda comercial no muestra

Hace doce años, en Córdoba, un grupo de realizadorxs, cineclubistas y periodistas se propuso algo simple y a la vez enorme, abrir una pantalla para el cine que no tiene pantalla habitual. De ahí nació Invicines, el Festival de Cine Social y Comunitario que lleva un nombre tan claro como su propósito: el cine de lxs invisibles. Ahí encuentran lugar los cortos hechos en un barrio, en una escuela, en un taller dentro de un contexto de encierro, en una comunidad originaria que decide, por una vez, contar su propia historia con su propia cámara.

Docente de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de San Luis (UNSL) e integrante de la organización de la Ventana San Luis, Luciana Melto define a Invicines como un espacio que busca «articular a quienes producen y quienes son parte del cine comunitario, no solamente realizadores, sino proyectos de los barrios, de las escuelas, de las producciones que se hacen en contexto de encierro». Ese espíritu, dice, es el que sostiene al festival desde su origen: surgió «con la necesidad de que se vean todas las producciones que se están haciendo desde los espacios educativos y comunitarios, una producción más participativa, más local».

Un cine hecho desde los territorios

Cada edición de Invicines recibe cientos de cortometrajes, muchos ya con recorrido en festivales internacionales y producciones que llegan de distintos puntos de Latinoamérica. Pero lo que define qué se proyecta pasa por otro lado. Según explica Melto, «el criterio de selección no es la calidad técnica ni estética, si bien llegan materiales de muy buena calidad. El criterio, como festival no competitivo, es que pueda expresar los procesos comunitarios y colectivos, las temáticas, las problemáticas y los actores sociales que existen en los distintos territorios de la Argentina». Ese criterio explica por qué, en la programación de este 12° Invicines, conviven cortos sobre géneros y diversidades, sobre salud mental, sobre juventudes, sobre pueblos originarios y sobre memoria, hechos por jóvenes de escuelas secundarias, colectivos de artistas, talleres barriales y organizaciones sociales de todo el país y de otros lugares de la región.

Este año, esa pantalla itinerante llega otra vez a San Luis. Por segundo año consecutivo, la provincia tiene su propia ventana dentro del festival: se llama, justamente, Ventana San Luis, y este miércoles 2 de septiembre, de 17.30 a 19.30, va a proyectarse en el Auditorio Mauricio López de la UNSL, con entrada libre y gratuita.

Una ventana propia, sostenida desde la universidad pública

Esa ventana tiene nombre y apellido propios. «Acá en San Luis lo venimos organizando hace dos años desde la Cátedra de Comunicación Audiovisual, junto con integrantes de la cultura local», cuenta la docente, que comparte la organización con Florencia Pereyra, Luciana Navarro, Marcos Cavaignac y Maximiliano «Rulo» Pérez. «Algunos son integrantes de Invicines, otros son integrantes de la cultura circense y del teatro, y nosotros venimos desde la Comunicación Audiovisual», detalla.

La Ventana San Luis está enmarcada en un proyecto de extensión y docencia de la universidad pública, lo que la vuelve también un espacio de aprendizaje. «Eso implica que los estudiantes nos acompañan en la organización y sus producciones son parte de la muestra local», explica Melto. Esas producciones no son un agregado menor: son cortos hechos por quienes cursan la carrera, pensados desde sus propias inquietudes. «Las producciones abordan temáticas de derechos humanos y están en función de los intereses de los estudiantes de cada año», señala.

La proyección tampoco termina cuando se corta la pantalla. Después de exhibir los cortometrajes, la propuesta cuenta un momento pensado para poner en común lo que esas imágenes provocan. «Después de la proyección vamos a contar con un espacio de intercambio para poder charlar lo que las producciones nos despiertan, y también sobre lo que implican las narrativas audiovisuales colectivas acá en San Luis», cuenta Melto.

Qué se va a ver en la Ventana San Luis

La función central de la jornada es «Portal puntano», una selección de cortometrajes sobre género, ambiente y territorios:

«Gongfu», de Ezequiel Ávila y el colectivo audiovisual Shanti Cine (Capilla del Monte, Córdoba). Jazmín llega al monte desde la ciudad. El río ya no es el mismo y las tormentas se anuncian; en ese silencio, el tiempo deja de avanzar y comienza a permanecer.

«Inflamable», creación colectiva de un grupo de estudiantes cordobeses. Tras perder su casa en un incendio forestal, Julia toma clases de manejo con su madre en un barrio privado. Durante una de esas idas, su madre entra impulsivamente en una casa y Julia intenta sacarla antes de que alguien las vea, pero no sin antes llevarse algo.

«¡Qué murgón! ¡Qué murgón!», creación colectiva de Melina Larrea, Agostina Ricca, Ana Armijos Maldonado y Marta Ariadna del Milagro Sánchez (Córdoba). Un documental que retrata el universo cotidiano de la murga infantil Vientos del Sur y se detiene en los momentos de preparación, la energía de la previa y la intimidad del después, donde el arte aparece como lugar de pertenencia, juego y resistencia.

«Pajarito», de Jeydi Ayala (Chancay, Huaral, Perú). Uno de tantos boletos lleva a Pajarito a conocer una parte del Perú y, con ello, el sentir de la migración: en el trayecto conoce a distintas aves, la que partió de casa, la que nunca se fue y las que anhelan volar.

A esa selección se suma la muestra de producciones realizadas en la materia Comunicación Audiovisual de la Facultad de Ciencias Humanas (UNSL):

«Melodías en otro suelo», de Keila Calderoni, Delfina Obando, Camila Portaluppi y Delfina Toniutti. Maher Bajjour, un joven migrante de Siria, recupera la historia que lo trajo a San Luis, donde pudo estudiar música y trabajar como docente lejos de la guerra.

«Una llave entre rejas», de Julieta Gil, Sofía Perretti, Nicole Rodríguez y Sofía Roldán Barroso. A partir de la voz de una docente de la escuela del establecimiento penitenciario de San Luis, el corto reflexiona sobre la importancia del derecho a la educación en contexto de encierro.

«No se puede defender lo que no se conoce», de Luciano Tisera, Matías Bustos Suárez, Facundo Martínez y Rodrigo Funes. Integrantes de la Asamblea Ciudadana por el Bosque Vulpiani cuentan su lucha y sus estrategias de organización para defender el bosque nativo y declarar el predio de 12 hectáreas como reserva natural educativa.

«El arte de incluir», de Ailen Romero, Camila Riquelme, Milagros Calderoni y Camila Cuello. Un documental sobre los desafíos de la inclusión educativa en una escuela de arte, que muestra cómo el acompañamiento y las distintas formas de expresión favorecen la participación y el aprendizaje de todos los estudiantes.

Las proyecciones se podrán ver el miércoles 2 de septiembre a partir de a las 17.30 hs en el Auditorio Mauricio López – UNSL (Ejército de los Andes 950) con entrada libre y gratuita,

Que un festival nacido para visibilizar lo que no tiene pantalla habitual encuentre, edición tras edición, un espacio propio en la universidad pública puntana habla de una construcción sostenida en el tiempo: la de estudiantes que aprenden a mirar su territorio con una cámara en la mano y una comunidad que, cada año, se anima un poco más a proyectarse a sí misma.

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