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Censura y negacionismo: el «índice de abuelidad» y la disputa por la Memoria en la Universidad Nacional de San Luis

En la Universidad Nacional de San Luis (UNSL), un caso de censura académica ha generado un intenso debate sobre el lugar de la memoria histórica y los derechos humanos en la educación superior. El Dr. Leonardo Seguín, docente de la carrera de Biotecnología de la Facultad de Química, Bioquímica y Farmacia de la UNSL, incluyó en la plataforma virtual de la materia Biología Molecular e Ingeniería Genética un material sobre el «índice de abuelidad», la fórmula estadística desarrollada por la genetista Mary-Claire King a pedido de Abuelas de Plaza de Mayo, que permitió identificar a nietos y nietas apropiados durante la última dictadura cívico, eclesiástico, empresarial, militar (1976-1983).

El profesor responsable de la cátedra, Darío Ramírez, ordenó eliminar el archivo por considerarlo «adoctrinamiento». Seguín, doctor en Bioquímica, recurrió a las autoridades luego que el material fuera suprimido en dos oportunidades. El hecho llegó al máximo órgano de la universidad, el Consejo Superior, que tratará el expediente el martes 9 de diciembre.

«Esto es un caso de censura», afirmó Seguín en diálogo con La Bulla. «Abordo un tema meramente científico, pero que tiene un contexto histórico». El docente sostuvo que su propuesta pedagógica buscaba mostrar cómo la ciencia puede colaborar en la resolución de problemas sociales profundos, como la apropiación de niños y niñas durante el terrorismo de Estado. «El índice de abuelidad resume parte de la historia argentina», explicó.

La controversia trascendió las paredes de la Facultad de Química, Bioquímica y Farmacia y recibió el respaldo de Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, además de generar pronunciamientos de instituciones académicas nacionales e internacionales. Para Seguín, el episodio revela «un nivel de politización muy bajo» en el ámbito universitario y una «grieta» respecto a si el negacionismo histórico tiene lugar en las aulas.

El rector de la UNSL, Raúl Gil también sentó postura sobre el tema, y en una extensa carta abierta a la comunidad universitaria, emitida en sus redes digitales expresó que el índice de abuelidad «no admite que haya dos verdades. Esta cuestión no da lugar a lecturas subjetivas, ni libres interpretaciones. Estamos frente a un desarrollo científico con bases objetivas y consensuadas, fruto de mucho trabajo científico riguroso».

El rector detalló que «la oscura etapa de la dictadura militar generó una herida en nuestro país que aún hoy, a meses de cumplirse 50 años del Golpe de Estado, todavía no sana y marcó a fuego a varias generaciones. Este desarrollo de la genética permitió que 140 nietos y nietas fueran encontrados por la Fundación Abuelas de Plaza de Mayo, y representa un logro de la ciencia aplicada con un profundo compromiso social, reconocido en el mundo»-

Además, fue tajante al manifestar que «los derechos humanos constituyen una piedra fundacional de la UNSL. Nuestro primer rector, aún desaparecido, nos recuerda que la tibieza en estos temas nunca ha sido el camino de los comprometidos con las luchas colectivas y con los dolores de los demás».

«La Universidad Nacional de San Luis es una Universidad Reformista y, consecuentemente, es preciso dejar absolutamente claro que personalmente no apoyaré censuras, no apoyaré negacionismo, ni apoyaré abusos de autoridad. Porque la universidad pública argentina enseña, discute y produce conocimiento. Es mi convicción que debe haber tolerancia por el que piensa distinto. El camino de censurar conocimiento no es el correcto» , remarco el rector de la UNSL en la mencionada carta.

Clase pública por los Derechos Humanos

En respuesta, la Coordinación General de Derechos Humanos de la UNSL organizó una «clase pública» en la explanada de la universidad titulada «Abuelas y el índice de abuelidad». El evento, realizado el jueves 4 de diciembre por la tarde, reunió a estudiantes, docentes e integrantes de la comunidad para reivindicar el carácter científico y social del conocimiento.

«El índice de abuelidad permite la restitución de la identidad. Es conocimiento científico y el aula es un lugar para debatir ideas», señaló Paola Figueroa, Coordinadora de Derechos Humanos de la UNSL, en diálogo con La Bulla. Frente a lo que calificó como «avance de la derecha, el negacionismo y los discursos de odio», subrayó que la universidad debe ser «un nervio que conecte con el pueblo», citando al primer rector de la UNSL, Mauricio López, aún desaparecido.

Figueroa rechazó las acusaciones de adoctrinamiento: «Si en un trabajo práctico de dos horas alguien adoctrina, está subestimando al estudiantado. Lo que acontece en las aulas es transmisión de conocimiento». Aseguró, además,  que el amplio apoyo recibido demuestra que frente al negacionismo existe «una red que sostiene la memoria viva».

Seguín, por su parte, abogó por «curricularizar los derechos humanos» en todas las carreras, incluso las más técnicas. «Humanizar la formación ayuda a que el egresado entienda el aporte de su carrera a la sociedad», afirmó. El docente espera que el Consejo Superior «elija el camino correcto» y restituya el material eliminado, en un fallo que se conocerá un día antes de que la universidad entregue el premio Mauricio López, en el Día de los Derechos Humanos.

El caso se enmarca en un clima político nacional donde organizaciones de derechos humanos denuncian desfinanciación y retrocesos en políticas de memoria, género y educación. Lo sucedido en la UNSL expone no sólo una pugna interna, sino una batalla cultural más amplia sobre el rol de la universidad pública y los límites de la enseñanza en un país donde las heridas de la dictadura aún esperan justicia y verdad.

 

 

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