¡Quereme! No tengo plata

«¡Quereme! No tengo plata»: cuatro palabras en una pared que dicen lo que muches sienten pero no se animan a nombrar.
El sistema capitalista no prohíbe amar. Simplemente te deja sin horas, sin margen, sin oxígeno. Jornadas dobles, changas encadenadas, la cabeza calculando cada gasto mientras el cuerpo ya no tiene energía para otra cosa que sobrevivir. Y el amor —ese que necesita presencia, conversación, tiempo sin reloj— queda afuera.
Cuando la base material se desmorona, la tensión se filtra en los vínculos. La incertidumbre genera un estado de alerta constante que no tiene canal de descarga salvo la persona que tenés enfrente. La pareja heteronormada termina peleando por una factura, cuando el problema real es que el sistema les dejó sin margen. La bronca no puede ir al mercado ni al decreto, entonces va al vínculo más cercano.
El poder ya no pasa por una ley o un policía. Pasa por si llegó el gas, si alcanzó el sueldo, si se pagó la tarjeta de crédito, si hay comida. Y cuando la respuesta es no, la vida afectiva se achica. La ternura necesita oxígeno, y el oxígeno es seguridad material mínima.
Pero en esa frase pintada también hay resistencia. Un pacto que no es el del consumo ni el de los planes a futuro. Es el de «estamos en esto juntes aunque no tengamos nada».
Por eso, desde La Bulla apostamos a un amor en red. No el amor encerrado en la pareja aislada que el sistema necesita para reproducirse en unidades fáciles de controlar. Sino ese otro: el de las amistades que sostienen, el de los lazos que no piden exclusividad sino presencia, el que se expande en lugar de concentrarse. Un amor que entiende que el afecto no es un recurso escaso que hay que custodiar, sino algo que crece cuando se comparte.
Por eso, esa frase escrita de manera rápida en una pared de San Luis ciudad también puede leerse como una declaración de que las personas seguimos amando aunque todo empuje al silencio, a la crueldad y al individualismo. Y que el amor real está en las cosas simples de la vida. Esas que el sistema capitalista no puede mercantilizar.
Dirección: Rivadavia casi Bolivar, San Luis ciudad.
Canción que escuchamos mientras redactamos: Vida de rico de Camilo. «Yo no tengo pa’ darte ni un peso. Pero sí puedo darte mis besos. Pa’ sacarte yo tengo poquito. Pero es gratis bailar pega’ito».
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