Feminismos

Femicidio de Yohana Escudero | “Nos querían convencer que se había suicidado”

El femicidio de Yohana Pamela Escudero, ocurrido en Villa Mercedes, continúa rodeado de irregularidades y un fuerte reclamo de justicia por parte de su familia.

A casi un mes de su muerte, sus hermanas viajaron a la ciudad de San Luis para visibilizar el caso y denunciar la falta de respuestas institucionales. Rechazan la hipótesis inicial de suicidio sostenida por la policía y exigen que la causa sea investigada con perspectiva de género.

“Ella el día 19 de enero apareció sin vida en su casa. Estamos pidiendo justicia”, relata Jésica Escudero, hermana de Yohana. Según reconstruyó la familia, Johana había atravesado cerca de veinte años de violencia por parte de su pareja, Lucas Federico Gatica, padre de sus hijxs. “Ese día 19 de enero, su pareja se iba a ir del hogar y apareció sin vida mi hermana. Querían convencernos de que se había quitado la vida, pero su cuerpo tenía moretones y hay muchas cosas raras”.

Yohana tenía 36 años, dos hijxs de 14 y 5 años, y fue hallada sin vida en su casa de Villa Mercedes el lunes 19 de enero. Su hijo mayor fue quien encontró el cuerpo. Desde el primer momento, la familia rechaza la hipótesis policial inicial de suicidio y exige que se investigue como femicidio.

“Yo estaba en mi casa, a una cuadra, y me llamó mi sobrino diciendo que su mamá estaba muerta”, relata Karen Escudero, otra de las hermanas de Johana. “Cuando entré pregunté dónde estaba el padre porque yo sabía que mi hermana no lo había hecho”. Detalla que retiró a sus sobrines del lugar mientras familiares intentaban asistir a Yohana. “A la hora llegó él y lo primero que dijo fue ‘yo no le hice nada’. No preguntó por los chicos”.

La escena posterior, narran, estuvo marcada por presiones y contradicciones. “En todo momento nos querían convencer de que mi hermana se había suicidado”, afirma Karen. “Yo vi los moretones, los golpes en la cara. No era un cuerpo que se había suicidado”. Según la familia, incluso antes de contar con la autopsia completa, la policía insistía con esa hipótesis.

El contexto nacional aporta claves para entender la gravedad de estos relatos. De acuerdo con un informe del Observatorio Ahora que Sí Nos Ven, Ni Una Menos y La Revuelta publicado en febrero de 2026, enero cerró con 25 muertes vinculadas a violencia de género: 18 femicidios directos, 4 vinculados, 1 travesticidio y 2 instigaciones al suicidio. El 64 % de los agresores eran parejas o exparejas y el 52 % de los hechos ocurrió en la vivienda de la víctima. Al menos 12 niñxs quedaron sin sus madres.

Las hermanas de Johana, además, alertan sobre irregularidades en el  accionar institucional. “Desde el principio nos decían que mi hermana se había suicidado”, relata Vanesa Escudero otra de las hermanas que con precisión de detalles del caso. “Las declaraciones de quienes la encontraron se tomaron recién después de una semana. Las denuncias nuestras, dos semanas después”. También advierten  sobre amenazas y hostigamiento por parte del entorno del agresor.

En paralelo, describen irregularidades posteriores a la muerte. “No nos dejaban entrar al domicilio esa noche”, cuenta Vanesa. “Y más tarde ingresa la hermana de Gatica, Luciana Gatica, con llaves sin custodia policial. Al otro día se llevaron el auto mientras enterrábamos a mi hermana”. Según la familia, incluso hoy sus sobrines no recuperaron sus pertenencias.

Mientras tanto, la causa judicial continúa caratulada como “averiguación de muerte”. “En un principio querían hacer pasar todo como suicidio, pero gracias a que nos movimos se empezó a investigar”, explicó Jésica.

Karen añade que la policía llegó a sugerir que el cuerpo sería entregado al agresor y que les exigían devolverle a les niñes. “Todavía no estaba la autopsia completa y la policía nos decía que mi hermana se había suicidado, que era suicidio”.

El caso se inscribe en una matriz estructural señalada por organizaciones feministas. Asi lo mencionan desde el Observatorio Ahora que si nos ven,  Ni Una menos y de La revuelta colectiva Feminista. El femicidio, recuerdan, “es una figura penal que reconoce formas específicas de violencia que sufren las mujeres y disidencias en contextos de desigualdades estructurales impuestas por el patriarcado”.

Sin perspectiva de género, advierten las tres organizaciones, la justicia reproduce el negacionismo. “Mientras niegan la violencia de género, a las mujeres nos matan hombres de nuestro círculo íntimo por el solo hecho de serlo. Nos matan nuestras parejas o ex parejas en contextos de violencia machista”.

En 2025 se registraron entre 247 y 266 femicidios en Argentina, una muerte cada 33 a 35 horas. Más del 60 % ocurrió en el hogar y cerca del 70 % fue cometido por parejas o exparejas.

 

La familia de Johana demuestra que esos datos son reales. Además, remarcan que no han tenido acompañamiento estatal. Karen menciona que no hubo contacto alguno. “Ni siquiera un mensaje, nada”. Vanesa relata que entregaron en mano un escrito al gobernador Claudio Poggi. “Todavía estamos esperando que nos conteste o que el intendente Maxi Frontera se acerque”. Según afirmaron, tampoco hubo contacto desde la Subsecretaría de Género de la ciudad de Villa Mercedes a cargo de Grisel Pollachi.

“Nosotras  somos unas mujeres trabajadoras, podemos afrontar los gastos, pero como gobernador al menos esperamos una respuesta”, expresa Vanesa. El silencio institucional es uno de los puntos señalados por la familia.

Ese silencio estatal encarnado en las figuras del gobernador, el intendente y la secretaria de género exponen con tremenda realidad lo que las tres organizaciones mencionadas expresan en su informe: “Parte de la demagogia punitiva es querer eliminar la figura de femicidio mientras bajan la edad de punibilidad para los pibes y pibas”. Hacen referencia a la estrategia del gobierno nacional, pero bien se puede aplicar al caso local ante el silencio cómplice de las máximas autoridades de la ciudad y la provincia.

Las hermanas sostienen que incluso desaparecieron denuncias previas de Johana. “Nos dijeron que no existían denuncias en ningún lado”, cuenta Vanesa. Sin embargo, la familia conserva una original firmada por ella donde advertía que su pareja había amenazado con matarla. También mencionan audios y mensajes que darían cuenta de hostigamiento sistemático.

“Hay gente que no tiene recursos para pagar un abogado y queda todo en la nada”, reflexiona Vanesa. Jésica fue más directa: “Si no te movés, no hacés marchas o no tenés contactos, archivan todo rápido. Tenés que filmar todo para que queden pruebas”.

La familia ha organizado movilizaciones y campañas en redes para evitar que el caso quede invisibilizado. Todas estas acciones con un masivo apoyo de la comunidad de Villa Mercedes.

Como ya se mencionado en este medio en una publicación anterior  el reclamo es concreto: que la causa sea investigada como femicidio, con peritajes exhaustivos y perspectiva de género. No se trata de un hecho aislado, sino de un entramado de violencias y omisiones que se repiten en todo el país.

El debilitamiento de políticas públicas que agrava la situación con recortes presupuestarios, discursos oficiales negacionistas y desmantelamiento de programas de prevención generan condiciones que habilitan las violencias machistas. “Sin perspectiva de género no hay justicia”, sintetizan en el informe las organizaciones feministas mencionadas. “Hay negacionismo”.

El impacto no termina en la víctima directa. Al menos 184 niñxs quedaron sin sus madres en 2025 en Argentina. En el caso de Johana, dos hijxs sobreviven con su familia materna, atravesando un duelo marcado por la violencia institucional y la incertidumbre judicial.

La falta de políticas públicas, la demora judicial y el silencio de autoridades locales se vuelven parte de la trama. La familia insiste en que el abandono estatal no solo afecta a quienes mueren, sino también a quienes quedan: hijxs, hermanxs, madres, comunidades enteras.

Los intereses estatales para mostrar cifras alentadoras sobre la disminución de las violencias machistas innegable también es parte de la trama que la familia Escudero expone. “Lastimosamente también hay ciertos medios que nos han avisado que no pueden hacer viral nuestro caso porque tienen órdenes de arriba. Estas palabras `tenemos órdenes de arriba`, las escuchamos desde el primer momento. Todos, desde la policía, la ambulancia, de todos los sectores que te podés llegar a imaginar. Queremos saber cuáles son las órdenes de arriba”, se pregunta Vanesa. Su hermana Jesica agrega  “y de quiénes son las órdenes de arriba”.

Pero esas órdenes no van a frenar a una familia que con profundo dolor y fuertes convicciones, exige reparación por Johana, por sus hijos y por todas las mujeres que atraviesan violencias machistas.

“Que no pase más acá en San Luis otro caso como el de mi hermana”, cierra Jésica. El pedido es simple y urgente: verdad, justicia y garantías de no repetición. Porque cuando una muerte en contexto de violencia de género se reduce a un suicidio sin investigación profunda, la impunidad avanza. Cuando el Estado calla y niega, el dolor queda del lado de quienes sobreviven y no hay reparación posible, sino profundización de las opresiones machistas.

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