«Paola Ortiz está libre, pero no la absolvieron»: lo que reconoció y lo que evitó el Tribunal Superior de Justicia de Córdoba

Después de 13 años, 9 meses y 26 días presa, Paola Ortiz recuperó la libertad. Pero el Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de Córdoba no dijo que sea inocente. Este 1 de septiembre, la Sala Penal del TSJ revisó la condena a perpetua que Paola cargaba desde 2015 y la cambió por una pena de 13 años, 9 meses y 26 días: exactamente el tiempo que ya llevaba detenida. Por eso ordenaron su liberación inmediata. Para el tribunal, el delito sigue existiendo, lo que cambió fue el cálculo de la pena, que dieron por cumplida. Paola sigue teniendo una condena por homicidio calificado por el vínculo, mediando circunstancias extraordinarias de atenuación.
El 31 de octubre de 2012, en Villa Nueva, Córdoba, Paola atravesó un parto en avalancha: una emergencia obstétrica sin asistencia ni acompañamiento, en la pieza donde el padre de su pareja la abusaba a cambio de techo y comida, en un contexto de pobreza extrema. El parto fue sin vida. En ese momento, Paola ya era madre de tres hijes, no había terminado el secundario, no tenía trabajo formal y vivía en una pieza prestada. Todo el embarazo lo pasó en absoluta soledad, sin recursos ni apoyo, y ese contexto nunca fue contemplado por la Justicia.
La llevaron a juicio por abandono de persona seguido de muerte y, en el medio del proceso, le cambiaron la carátula a homicidio agravado por el vínculo y la sentenciaron a perpetua, sin perspectiva de género, sin interseccionalidad y sin escucharla nunca. Tampoco se respetó el principio de inocencia: se aplicaron estereotipos de género, dando por sentado que, como Paola ya había parido tres veces antes, necesariamente sabía cómo manejar esa emergencia obstétrica. Que una mujer haya parido antes no implica que sepa cómo atender su propio parto o una emergencia de ese tipo.
Durante 13 años estuvo presa hasta que las abogadas feministas Rocío García Garro y Julia Luna, de Católicas por el Derecho a Decidir, llegaron a su caso. En 2024, como parte de su litigio estratégico, presentaron un recurso de revisión ante el TSJ. El tribunal aceptó el recurso y analizó los atenuantes después de que el movimiento feminista presentara trece amicus curiae: escritos de organizaciones que no son parte del juicio pero que le acercan al tribunal argumentos y perspectivas para evaluar el caso. Trece amicus es un número inusualmente alto, y fue clave para que hoy Paola esté libre.
Lo que reconoce el TSJ es lo mínimo: que la perpetua fue desmedida y que no se valoró su contexto de vulnerabilidad. Por eso le aplicaron atenuantes. El fallo no implica que el Estado asuma haberla mantenido presa de manera injusta durante 13 años. No hubo ni hay una reparación real: es el sistema judicial patriarcal de siempre, reconociendo un exceso, revisándolo y corrigiéndolo apenas lo necesario para decir «andate ahora».
La libertad de Paola se celebra. Pero mientras las emergencias obstétricas sigan siendo criminalizadas, esa celebración queda incompleta.
Desde la Colectiva Transfeminista Aguafiestas, que acompaña abortos en todo el territorio, plantearon: «Sentimos que el camino es la organización colectiva. Estamos convencides de que nuestro movimiento tiene la fuerza y la potencia de cambiar la historia, aun cuando quienes desprecian nuestras vidas es todo el sistema judicial machista, patriarcal y clasista. No queremos ni une prese más por eventos obstétricos. Este revés judicial, la libertad de Paola, es un paso importante más en nuestra lucha. Abrazamos a Paola y a sus abogadas. El Estado es responsable: exigimos reparación real y la absolución de Paola».
Escuchá completa la columna Voces Aguafiesta de Daniela Chavez Quevedo -integrante de la Colectiva Transfeminista Aguafiestas-, que se emite por el informativo de La Bulla:











