Feminismos

Perseguir a quien acompaña: la revancha patriarcal detrás del hostigamiento a lanegra Redona

Mabel, conocida en el activismo puntano como lanegra Redona, hace años que usa su voz y su presencia pública para acompañar causas de violencia de género, de derechos humanos y cuanto hecho que necesite acompañamiento y justicia. Es una de esas compañeras que sostienen lo que las instituciones muchas veces no sostienen: escucha, comunica, visibiliza y pone el cuerpo cuando otras personas llegan solas, asustadas y sin saber qué hacer.

Hace unos días llamó angustiada a las abogadas Fernanda Pereyra Jameson y Estrella Marín. «Fer, Estre, tengo miedo. No sé de qué se trata. Yo no hice nada», les dijo, según reconstruyó Pereyra Jameson. Después de hablar, de pensar y de sentirse acompañada, agregó la frase que terminó resumiendo lo que le está pasando: «Ya está, ya fue. Yo no me callo. A mí no me callan».

Ese llamado disparó la primera entrega de «Abogando Perspectivas», la nueva columna radial mensual de Pereyra Jameson y Marin en La Bulla, que analiza la coyuntura puntana y argentina desde una perspectiva jurídica y feminista. Ninguna de las dos leyó lo que le pasa a lanegra Redona como un episodio aislado ni como un problema individual: lo situaron como un caso testigo de algo que activistas, feministas, mujeres, lesbianas, travestis y trans vienen denunciando en distintos puntos del país y de toda Latinoamérica.

El desgaste como forma de disciplinamiento

Marín fue quien puso en palabras el mecanismo. A lanegra, cono a las dos abogadas, se les atribuyen supuestas calumnias e injurias que niegan terminantemente haber cometido, y aclararon que van a responder por las vías jurídicas correspondientes.

Pero además señalaron el efecto concreto que produce ese tipo de presentaciones: «La finalidad práctica es desgastarnos. Que algún día pensemos: ‘Mejor no digo nada. Mejor no me involucro. Mejor dejo de acompañar'», explica Marín. Aclara que no cualquier reclamo judicial es persecución —toda persona tiene derecho a recurrir a la Justicia—, pero que la utilización reiterada de instrumentos jurídicos contra quienes hablan, denuncian o acompañan produce un efecto intimidatorio muy concreto. «El mensaje es, ‘Si continúan hablando, tendrán que pagar un costo'», sostiene Marín, y ese costo no siempre es una condena; muchas veces el castigo es el proceso mismo, el tiempo perdido, el miedo, la exposición y el agotamiento.

Pereyra Jameson retomó esa idea desde otro ángulo, el de la inversión de los lugares que suele producirse en estos casos: quien denuncia pasa a ser sospechada, quien acompaña pasa a ser peligrosa, quien visibiliza una causa pasa a ser responsable del conflicto, y quienes deberían dar explicaciones empiezan a presentarse como víctimas de una supuesta persecución feminista. «Es el mundo del revés», definió. Para fundamentar ese diagnóstico cita una nota de la periodista Josefina Martínez titulada «El feminismo ante la reacción patriarcal: ¿y ahora qué hacemos?» publicado en revista Topia, que sostiene que esa reacción no busca cuestionar solamente una política pública puntual, sino restaurar un orden donde las mujeres vuelvan a callarse, las víctimas permanezcan aisladas y quienes acompañan aprendan que involucrarse tiene consecuencias. Por eso, planteó Pereyra Jameson, lanegra Redona representa una red de mujeres y disidencias que quieren un mundo sin violencias machistas, y atacarla es una forma de intentar desarmar esa red.

Una revancha patriarcal que se repite en toda la región

Lo que atraviesa Redona en San Luis no es un caso excepcional. Semanas atrás, en su paso por la provincia, la filósofa y activista feminista mendocina Alejandra Ciriza ya lo había puesto en palabras: planteó que las feministas piensan que atraviesan un tiempo de revancha patriarcal, y que esa revancha guarda relación con determinados momentos de la historia económica y política que suele presentarse como algo impensado. Ciriza conectó esa reacción con la coyuntura argentina actual, al sostener que no es casual que este gobierno haya arremetido contra los feminismos, en buena medida porque se trata del movimiento social más importante de los últimos tiempos.

La radicalización de las derechas neoliberales de tintes fascistas como lo es Javier Milie y la politización religiosa conservadora funcionan como parte de una reacción patriarcal racista a gran escala que reafirma las jerarquías frente a los avances feministas de las últimas décadas. Esa reacción no se limita a discursos: se traduce en presentaciones judiciales, en desgaste, en hostigamiento cotidiano contra quienes militan, denuncian o acompañan, tal como describieron Pereyra Jameson y Marìn respecto de lo que le está pasando a lanegra Redona en San Luis.

Acompañar no es condenar

Marín menciona un punto que, dijo, suele confundirse a propósito: acompañar una denuncia no significa reemplazar a la Justicia ni dictar anticipadamente una condena. Investigar los hechos, producir prueba y determinar responsabilidades les corresponde a los órganos judiciales, respetando todas las garantías del proceso. Pero aclara que la presunción de inocencia de una persona investigada no obliga a abandonar a quien denuncia, ni autoriza a tratarla como culpable de lo que sufrió, a desacreditarla, a hostigarla o a negarle protección. «El debido proceso y los derechos de las víctimas no son principios incompatibles. Se puede investigar con objetividad y, al mismo tiempo, escuchar, informar, proteger y evitar la revictimización», explica.

Para Pereyra Jameson y Marín, acompañar significa impedir que una persona quede sola frente a un sistema que muchas veces es lento, hostil y difícil de comprender: explicarle qué está pasando en su causa, controlar que una restricción de acercamiento siga vigente, reclamar que se supervise una medida de protección, escuchar sin burlarse y dar un trato digno. Por eso advirtió que cuando persiguen a quienes acompañan no se afecta solamente su libertad de expresión, sino también el acceso a la justicia de las víctimas, porque se intenta romper el puente que les permite llegar hasta las instituciones y sostenerse durante el proceso. «El Derecho tiene que servir para proteger derechos, no para castigar a quienes los reclaman», detalla Marín.

Pereyra Jameson, con un mensaje dirigido tanto a lanegra Redona como a cada persona que hoy teme denunciar o acompañar por miedo a las consecuencias, expresa que  «no permitimos que el miedo destruya las redes construidas durante tantos años. Nosotras vamos a responder cada presentación por las vías jurídicas correspondientes. No vamos a dejar de señalar aquello que consideramos injusto. No vamos a dejar de exigir que las instituciones escuchen, investiguen y protejan. Y no vamos a abandonar a lanegra Redona precisamente cuando pretenden que se sienta sola. No estás sola. A quien denuncia no se la abandona. A quien acompaña, también la acompañamos. Y a nosotras tampoco nos van a callar».

Marin cierra con una frase que queda como síntesis: «Cuando intentan romper una red, la respuesta tiene que ser construir una red todavía más fuerte».

Escuchá la columna completa de las abogadas Fernanda Pereyra Jameson y Estrella Marín, acá:

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